
A cada paso que doy en el mundo de la literatura japonesa, más me maravillo con la cantidad de plumas afiladas y talentosas que voy descubriendo. Hay un extenso legado literario que merece la pena explorar y todo un mundo más allá de Haruki Murakami, a quien también admiro.
Aprovechando que el lunes se celebró en España el Día de las Escritoras, hoy quiero detenerme en cinco autoras japonesas a las que he leído durante estos meses y que han dejado huella en mí.
Escritoras capaces de contarnos historias repletas de crítica social y sensibilidad, de impactarnos con su visión de la vida despojada de máscaras y adornos, de conmovernos y adentrarnos en mundos fantásticos que ofrecen consuelo a quienes los visitan.
He escogido solo cinco, pero la lista de las escritoras japonesas a las que he leído es un poco mayor. Más adelante os hablaré también de ellas.
Impulsora del feminismo en la literatura: Kikou Yamata

Kikou Yamata fue una adelantada a su tiempo y sus novelas contribuyeron a presentar en Occidente una visión de la mujer que contrastaba con el estereotipo que llegaba desde Japón. En Masako, la primera novela traducida al español de una autora nipona, su protagonista desafía la tradición al desear un matrimonio por amor, algo que estaba muy mal visto en los años 20.
La vida de Kikou Yamata fue emocionante, pero también tuvo que enfrentarse a las represalias. Nació en Lyon en 1897, de padre japonés y madre francesa, y vivió algunos años en Tokio hasta la muerte de su padre. Estudió en París y se integró en la alta sociedad literaria francesa. En los salones parisinos la llamaban La Japonaise y Mademoiselle Chrysanthème (kiku, su nombre, significa crisantemo). Allí publicó novelas como Masako, La trama del milano de oro o Tres geishas.
El creciente odio hacia todo lo japonés por la invasión de Manchuria la llevó a huir de Francia justo antes del estallido de la II Guerra Mundial. De vuelta en Japón, la publicación de una novela que ensalzaba el matriarcado en la historia del país nipón (En el país de la reina) y sus vínculos con la sociedad francesa provocaron que fuera encarcelada durante tres meses.
Regresó a Francia, donde pasó sus últimos años de vida y sus obras recuperaron el interés del público. Una placa en la fachada de su casa en Lyon recuerda su lugar de nacimiento y su figura.
Los periódicos españoles ya hablaban de Kikou Yamata allá por los años veinte y treinta, a pesar de que hoy en día su figura haya ido cayendo en el olvido a este lado de los Pirineos. El pasado mes de marzo, Ofelia editoria devolvió Masako a los estantes con una nueva edición que conserva la traducción original de Berta Curiel. Lo que más me caló de esta novela es el modo delicado y bello con el que Yamata da forma al relato, una prosa poética que nos traslada a un mundo de tatamis e incienso.
Si quieres saber más sobre Kikou Yamata, no te pierdas este boletín de Substack.
Si tienes curiosidad acerca de su novela Masako, aquí te dejo mi reseña.
Narradora del horror: Yōkō Ōta

Hablar de Yōkō Ōta es hablar de la bomba atómica, de Hiroshima y de una tragedia cuya dimensión e impacto tardó muchos años en calar incluso dentro del propio Japón. A pesar de que ya era una autora reconocida en su país antes de la II Guerra Mundial fueron las obras que relatan el horror de aquel 6 de agosto de 1945 las que la dieron más trascendencia.
Ōta, testigo directa de la caída de la bomba atómica, fue la primera en plasmar en palabras todo cuanto había presenciado. Lo hizo en un artículo publicado en el diario Asahi Shimbun bajo el título Una luz como en el fondo del mar. Luego llegó Ciudad de cadáveres, publicada por primera vez en 1948 y, de forma íntegra, tres años más tarde. Fue la
segunda novela sobre la bomba atómica que veía la luz, tras Flores de verano de Tamiki Hara.
Sin embargo, la herida de aquellos días en Hiroshima había llegado tan dentro del alma de Yōkō Ōta que sus siguientes publicaciones no abandonaron el tema central de la bomba atómica, sus consecuencias y una responsabilidad que también atribuía al gobierno nipón.
En los primeros años de la década de los cincuenta, publicó Harapos humanos (1951), Luciérnagas (1953), Persona a medias (1953) y Restos de fealdad (1954).
Algunos autores coetáneos incluso la criticaron por su obsesión con Hiroshima. Un reflejo de una sociedad que, sometida a la censura de Estados Unidos y en ocasiones obnubilada por los aires de modernidad que trajo la Ocupación, necesitó mucho tiempo para afrontar lo que había ocurrido sin mirar hacia otro lado. Las víctimas de las bombas atómicas (hibakusha) sufrieron el estigma social y la negación de ayudas económicas para hacer frente a los gastos médicos hasta 1957.
Gracias a la valentía de escritoras como Ōta, hoy podemos conocer lo que aconteció en Hiroshima y Nagasaki y hacer justicia a las miles de vidas inocentes que perecieron aquellos días.
Aquí tienes mi reseña de Ciudad de cadáveres.
Iconos de las letras actuales: Mieko Kawakami y Banana Yoshimoto

Mieko Kawakami y su novela Heaven ha sido mi lectura más reciente y todavía intento recuperarme del impacto de esta historia. Un relato sobre el acoso escolar en un instituto japonés a finales de los años noventa que deja en evidencia al sistema educativo y pone el foco en las relaciones de poder basadas en la intimidación, la dominación y el miedo.
Avalada por Haruki Murakami y galardonada con el premio Akutagawa (uno de los más prestigiosos de la literatura nipona) en 2007 por Pechos y huevos, Mieko Kawakami es una de las escritoras más reconocidas del panorama actual, tanto en su país como a nivel internacional. Con Heaven ganó el premio Murasaki Shikibu, que premia cada año a la mejor novela publicada en japonés por una mujer.
Además de Pechos y huevos y Heaven, su novela Los amantes de la noche también ha sido traducida al castellano. Sus obras destacan por presentarnos un mundo tan real que duele y están protagonizadas por personas que sufren y cargan con las heridas sin cicatrizar del pasado, por mujeres que buscan su lugar en el mundo mientras padecen la opresión y el escrutinio de las normas sociales. Mieko Kawakami es capaz de engancharnos con un relato crudo tejido a través de una prosa que se cuela dentro del alma revestida de un filo hilo de esperanza.

Al otro lado del espectro podemos encontrar a Banana Yoshimoto, cuyas historias, sin dejar de ahondar en las heridas del ser humano, se abordan desde una perspectiva más reconfortante y cálida. La descubrí a través de Primer amor, una novela en la que, pese a presentarnos la relación entre una estudiante de catorce años y su profesor, no se traspasa ninguna línea roja. Con un toque de realismo mágico y la delicadeza de quien observa de cerca el nacimiento de un primer amor, Banana Yoshimoto nos presenta una historia donde los personajes, tanto adultos como adolescentes, intentan comprender las reglas del
mundo en el que viven y los sentimientos que van aflorando dentro de ellos.
La prolífica prosa de Banana Yoshimoto, que también ganó el premio Murasaki Shikibu en 1995 por Amrita, se puede explorar el español a través de Primer amor, Kitchen, Tsugumi o Sueño profundo. Las cuatro novelas navegan entre cuestiones tan universales como el amor juvenil, el duelo y la pérdida, la soledad, los traumas de la infancia y la amistad, dotándolos del carácter reflexivo y delicado de su pluma.
Puedes leer aquí mi reseña de Primer amor.
Fantasía que duele: Mizuki Tsujimura

Siempre me ha gustado leer la novela antes de disfrutar de su adaptación al cine o a la televisión, aunque muchas veces he recorrido el camino a la inversa. Y es lo que me sucedió con El castillo a través del espejo, una de mis películas de animación favoritas. Cuando descubrí que estaba basado en la novela homónima de Mizuki Tsujimura, quise leerlo. Y ha sido todo un acierto, porque es una historia de fantasía urbana preciosa que también nos habla del acoso escolar, aunque desde una perspectiva más amable y esperanzadora que la de Mieko Kawakami. Aunque lo que más me ha llegado de esta autora es su capacidad para crear un mundo de fantasía que ofrece
consuelo sin enmascarar la realidad. Un lugar que cualquier adolescente que ha sufrido acoso escolar desearía poder visitar.
Especializada en novelas de misterio, un género que cultiva desde que era adolescente, Mizuki Tsujimura se dio a conocer en 2007 con A School Frozen in Time, una serie de tres novelas publicada por la editorial Kodansha y adaptada posteriormente a manga. Sus historias se ambientan muchas veces en institutos o en torno a lo que los personajes viven en ellos, como ocurre también con El castillo a través del espejo (que ganó el premio de las librerías de Japón en 2018).
A pesar de que su obra todavía no es muy conocida en España, este verano llegó a las librerías Veranos en ámbar. Publicada en Japón en 2021, nos abre la puerta a un misterio que reabre viejas heridas del pasado y lleva a la protagonista a recordar las promesas de la infancia.
Ahora te toca a ti, cuéntame qué autoras japonesas te han marcado.

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