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Mi visión, como lectora, escritora y viajera, del apasionante mundo japonés

¿Es lo mismo feelgood y healing fiction?

Entendiendo la esencia de las novelas que nos templan el corazón.

Colección de portadas de novelas iyashikei japonesas

Recuerdo un tiempo en el que la literatura se clasificaba de una manera más sencilla. Había novela negra, histórica y romántica, fantasía y ciencia ficción, historias de misterio, terror, ficción contemporánea. Mientras leía El clan del oso cavernario, de Jean M. Auel, sabía que estaba ante un relato histórico (que en volúmenes posteriores roza la novela erótica, todo sea dicho). Si me pasaba a Las crónicas de Shannara, de Terry Brooks, no tenía duda de que era fantasía épica.

Un buen día, sin darme cuenta, descubrí que los géneros se habían diversificado tanto como el mundo que habitamos. Las categorías se ampliaban, no para dar cabida a algo nuevo, sino para entender mejor cómo denominar a los libros que teníamos entre las manos. Comencé a oír hablar de romantasy, dark academy, new adult o cozy crime

Cuando me adentré en el mundo de la literatura japonesa, las primeras novelas que llegaron a mis manos fueron El café de la luna llena (Mai Mochizuki) y Los misterios de la taberna Kamogawa (Hisashi Kashiwai). Todavía sin mucho conocimiento en la materia, pensé que encajaban en lo que se denominaba feelgood o cozy. Pero luego apareció una tercera denominación: healing fiction. Y empecé a sospechar que no tenía muy claro cómo definir lo que estaba leyendo.  

Así que este artículo pretende explicar las diferencias entre estas tres tipologías para comprender en qué cajón deberíamos meter estas novelas que han irrumpido con fuerza en las mesas de novedades de las librerías. Historias que nos hacen viajar a Japón y que nos dejan, a menudo, con una sensación reconfortante en el pecho. 

Por definición

Tanto el género feelgood como el iyashikei parten de una raíz común: ofrecer consuelo a los lectores en un momento de crisis social. 

La novela feelgood tiene su origen en la Inglaterra del siglo XX, cuando los estragos de la II Guerra Mundial todavía se dejaban sentir en la atmósfera y la población buscaba alivio en una literatura amable y reconfortante. 

Como su propio nombre indica, son relatos que nos hacen sentir bien. Historias con un tono amable, personajes con un arco emocional que va progresando y un desenlace feliz. Novelas ligeras, que se pueden leer con calma o devorar en una sola tarde (depende del tiempo y el ritmo de la lectora), y que resurgieron con fuerza durante la pandemia del coronavirus. 

Dentro del género feelgood podemos encontrar la etiqueta cozy, que afila un poco más el tipo de historia que se abre ante nuestros ojos. Aquí la clave está en el lugar donde se desarrolla la trama, en la atmósfera cálida y acogedora que sirve como impulso para la evolución del personaje. Una librería, una cafetería, un pueblo acogedor. 

Teniendo esto en cuenta, la healing fiction no es necesariamente un género diferente, sino la etiqueta que se ha otorgado en Asia a este tipo de literatura. Son historias que nos llegan desde Japón y Corea del Sur para transportarnos a sus ciudades, su cultura y su modo de entender la vida mientras nos provocan una sensación de bienestar. Dentro de esta categoría vamos a encontrar lecturas benévolas para evadirnos por un instante del plomizo mundo exterior. 

En Japón se denomina iyashikei y nació a comienzos de los años 90. Al igual que sucedió con la novela feelgood en Gran Bretaña, intentaba dar respuesta a las necesidades de una población moralmente hundida por la crisis social y económica, los ataques con gas sarín en el metro de Tokio y el gran terremoto de Hanshin-Awaji. 

Dentro de la literatura japonesa

Las novelas iyashikei (癒し系) o ficción curativa nos presentan conflictos del día a día, situaciones comunes y personajes con los que resulta sencillo identificarse. Una adolescente que sufre acoso en el colegio, una escritora que siente que ha perdido su voz, un joven chef que no se atreve a retomar la relación con su antiguo mentor. 

En muchas de ellas, la estructura respeta unas normas muy características. Existe un hilo conductor común, como un establecimiento o un personaje recurrente, y cada capítulo o sección nos presenta un relato y a unos protagonistas diferentes. No nos acompañan durante muchas páginas, pero en ese tiempo conocemos qué los hace sufrir, el origen de su dolor, y el desenlace, a menudo feliz. 

Aunque la mayoría de estas novelas siguen ese patrón común, no hay dos iguales.

Hay historias que se adentran en el universo de la fantasía y el folklore, como La tienda de los deseos (Hiyoko Kurisu), que nos transporta a una confitería ubicada en la frontera entre el mundo real y el más allá, y otras en las que la magia está presente de otro modo, en los pequeños detalles y en la bondad de las personas, como ocurre en Los secretos de la papelería Shihodo (Kenji Ueda). 

Podemos disfrutar con novelas donde los personajes nos acompañan desde el principio y sus heridas, en lugar de empezar a sanar al concluir el capítulo, van evolucionando con la historia. Así sucede en La panadería de medianoche (Noriko Onuma).

También hay series en las que los conflictos son más dolorosos y el desenlace no resulta todo lo feliz que habríamos deseado. En Antes de que se enfríe el café (Toshikazu Kawaguchi), donde es posible viajar en el tiempo, leemos la historia de una mujer que tiene que aceptar la pérdida de memoria de su marido o el dolor de una madre al saber que morirá en el parto y no podrá conocer a su hija. 

No puedo dejar de mencionar el papel de los gatos en este tipo de novelas. Un animal que en Japón consideran un símbolo de buena fortuna y que tienen un rol clave en novelas como El café de los gatos mensajeros (Nagi Shimeno) y El café de la luna llena.

Podría seguir mencionando muchas más historias iyashikei: La librería de los viernes (Sawako Natori), La papelería Tsubaki (Ito Ogawa), La librería mágica de los cerezos en flor (Takuya Asakura), Un último instante contigo (Naoko Higashi), Te receto un gato (Syou Ishida). Sin embargo, todavía están en mi estantería esperando su turno, así que me las guardaré para más adelante. 

Iyashikei con acento español

Si te gustan las historias que tratan sobre personas que podrías encontrar por la calle en un día común, con problemas reales y heridas que a veces no es posible percibir a simple vista, ambientadas en el Japón real y no en un escenario de postal turística, entonces querrás leer a David C. Tur García

Su primera novela, Tokio bajo el monzón, encaja en las características de la ficción curativa y nos transporta a un barrio humilde del extrarradio de la capital japonesa para hablarnos de la búsqueda de uno mismo, del peso de la culpabilidad, de renunciar a nuestros sueños por necesidad o romper con todo para empezar de cero. 

También puedes disfrutar de El latido de Osaka, que acaba de publicar, Okinawa, Melonpan o Juegos de matsuri

No suelo hablar de mis propias historias en este espacio —todavía no han visto la luz— pero permíteme unas líneas para contarte que, si disfrutas con este clase de novelas, muy pronto podrás leer la mía. 

Proyecto Himitsu (es su título provisional) está en fase de revisión con las lectoras cero, un momento crucial para hacer brillar a los personajes y sus conflictos y que, cuando llegue a vuestras manos, tenga la mayor calidad posible.

Es una historia ambientada en Japón y con protagonistas nipones donde los trenes no solo conectan estaciones, también vidas. Donde desconocidos con diferentes problemas y heridas descubren que no son invisibles a ojos de un mundo a veces demasiado cruel con quienes piensan o sienten de una manera diferente. 

El vínculo que se creará entre ellos, forjado durante los trayectos en la línea Chiyoda, la línea Toyoko y el Enoden, les impulsará a superar las adversidades, a abrir sus corazones y encontrar la calma que tanto habían anhelado. 

Muy pronto dejará de ser un manuscrito y evolucionará a una novela publicada.

Retomando la pregunta inicial, ¿son el mismo género feelgood y healing fiction con distintos nombres y orígenes? ¿Qué decís vosotras?

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