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Mi visión, como lectora, escritora y viajera, del apasionante mundo japonés

Nana, de Ai Yazawa (reseña)

Una bofetada de realidad que no puedes dejar de leer 

Portadas del manga Nana, de Ai Yazawa

Nana, de Ai Yazawa, es uno de esos grandes éxitos de la industria del manga japonés a los que el paso de los años, en lugar de agriarlo, ha ido potenciando su sabor. Igual que sucede con los mejores vinos, la obra sigue gozando de popularidad y vigencia hoy en día, veinticinco años después de su primera publicación. 

¿Cuál es la clave de tal notoriedad? Como en casi todo, no hay un solo factor, sino una combinación de varios elementos. Es una historia que aborda el mundo desde un prisma dramáticamente realista, con personajes profundos, traumas y situaciones complicadas. Una demostración de lo cruda que puede ser la vida incluso en esa etapa a medio camino entre la adolescencia y la madurez, cuando los sueños y las ilusiones aún aletean a nuestro alrededor como mariposas. El tipo de relato con el que no resulta difícil sentirse identificado, de ahí que deje huella entre el público joven. 

Pero, por encima de todo, Nana es un manga incompleto. Una enfermedad obligó a Ai Yazawa a paralizar su trabajo en 2009 y, desde entonces, la serie ha entrado en una larga pausa. A la comunidad de fans originales de Nana no han dejado de sumarse lectoras desde entonces, llegadas de todos los rincones del mundo y que comparten un anhelo común: que la célebre mangaka termine la historia de Nana y ponga fin a la larga agonía.

La trama

Dos chicas de veinte años coinciden por casualidad en un tren con destino a Tokio. Las dos tienen el mismo nombre y eso no será lo único que compartan. Cuando las dos vuelvan a verse en la visita a un apartamento en alquiler quedará claro que el suyo no fue un encuentro casual, sino cosa del destino (o del Gran Rey, como diría una de las protagonistas).

Nana nos muestra dos caminos repletos de miedos, anhelos, decepciones, amistades y amores. Nana Ōsaki se traslada a la gran ciudad para convertirse en una guitarrista y cantante profesional, mientras que Nana Komatsu, Hachi para los amigos (un juego de palabras, pues Nana es japonés significa siete y Hachi, ocho) se ha mudado a Tokio para estar con su novio Shōji.

Eras libre como un gato callejero e ibas por la vida pisando fuerte pero tenías, en el alma, una herida incurable. Yo, que era más despreocupada, veía aquella herida como un atractivo, sin tener ni idea de cuanto dolor te producía.

Esta frase de Nana Komatsu resume a la perfección el carácter de ambas protagonistas. Una es realista, decidida y estoica. Tiene muy clara cuál es su meta y hará lo imposible por hacerla realidad. La otra es inocente, soñadora y leal, alguien frágil a quien la vida adulta no dejará de darle bofetadas. Y, pese a ser dos polos opuestos, irán forjando una amistad que, con sus altos y bajos, tratará de mantenerse constante hasta el final.

Un manga shōjo sin purpurina

Nana no es un relato dulce, ni tierno. Es un retrato de la vida real, de su crudeza, sus dificultades y de como el esfuerzo a veces no es suficiente. Los personajes, tanto los principales como los secundarios, tienen vidas intrincadas, a menudo marcadas por su pasado o sus orígenes. 

Aunque pertenece a la categoría demográfica de manga shōjo, es decir, enfocado a un público femenino juvenil, nos lleva a ambientes y situaciones que rompen con el molde característico de esta etiqueta y lo acercan al tono del manga josei (para lectoras más adultas).  

Hay amistad y romance, sí, pero también infidelidad, traumas familiares, conflictos profesionales y adicciones. Tiene momentos de humor, sobre todo al principio, cuando algunas ocurrencias de sus personajes te hacen reír. Sin embargo, conforme vas pasando las páginas te adentras en una trama más sombría. Las caras de ilusión se van reemplazando por rostros más alargados, miradas vacías, lágrimas y dolor.

Ai Yazawa y el don de la reflexión profunda

Cuando ves el anime, las emociones de los personajes y el desarrollo de la trama se te van clavando. Cuando lees el manga, son las palabras de Ai Yazawa las que van retumbando en tu interior. 

Porque Nana, más allá de demostrarnos la pasión de su autora por la música y la moda, más allá de cautivarnos por el retrato de sus personajes, nos llega por los pensamientos que susurran como si fueran la voz en off de su propia historia. 

No hay amor sin sufrimiento. Y a más fuerte el amor, más hondo el sufrimiento.

En nuestro caminar por la vida vamos acumulando cargas, cargas que pesan y que impiden que podamos movernos con libertad. Por eso necesitamos a alguien para que nos ayude a llevar el peso.

Un final postergado durante más de una década

Una vez que entras en el círculo de Nana, suele resultar complicado salir. Continúas leyendo, una página tras otra, aunque te siga destrozando por dentro con cada nueva escena. Puedes soñar con que todo mejorará al final pero, ¿y si la historia no tiene final?

En junio de 2009, la publicación de Nana entró en un hiato del que todavía no ha salido. Una enfermedad repentina, que llevó a Ai Yazawa al hospital en más de una ocasión, la obligó a pausar su trabajo como mangaka. 

Han transcurrido dieciséis años y una podría pensar que ya nunca sabremos qué ocurrió con Nana y Hachi. Se trata, de hecho, de uno de los paréntesis más largos en un manga. 

Hay, sin embargo, motivos para la esperanza. En unas declaraciones recientes, la propia mangaka confirmó que está trabajando en el desenlace de la obra que la consagró como una de las autoras de manga más influyentes del país.

Portada de la reedición del manga Nana, de Ai Yazawa

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