
¿Qué estímulos llegan a tus sentidos cuando piensas en el verano de Japón? ¿El juego de colores en el cielo y el olor a pólvora de los fuegos artificiales? ¿El refrescante sabor de un kakigori, el helado de hielo raspado con sirope? ¿El olor de la comida callejera en los puestos de un festival?
El verano es una de las épocas más fascinantes para descubrir Japón y explorar todo lo que puede ofrecer. A pesar de ser una estación húmeda y demasiado cálida, invita a pasar más tiempo fuera de casa y compartir momentos inolvidables con la gente de tu comunidad. Es una temporada que suena a campanillas fūrin, al rumor de las olas en las playas de Kamakura, al retumbar de los tambores taiko y la música tradicional del Bon-Odori, a la melodía de las cigarras en las noches templadas.
Y nada mejor para sumergirse en esas sensaciones que descubrir cinco novelas que os trasladarán al verano japonés.
Kokoro, de Natsume Sōseki

No os dejéis engañar por la maravillosa portada de Satori Ediciones, este clásico de Sōseki no os llevará a través de paisajes fríos y nevados. De hecho, la narración comienza en el tórrido verano a orillas del mar.
En una playa de Kamakura, un joven universitario conoce a Sensei, un hombre de aspecto misterioso e intelectual por el que enseguida se siente atraído. A base de compartir conversaciones y baños en el mar, el protagonista de esta historia encuentra en Sensei un referente, un maestro del que aprender sobre la vida. Su relación se va afianzando cuando ambos regresan a Tokio y el joven comienza a frecuentar su casa. La sensación de que Sensei oculta un doloroso secreto, vinculado a un pasado sombrío, no hace más que estimular la curiosidad, aunque algo terrible tendrá que suceder para que él conozca toda la verdad.
Kokoro es una novela delicada y de tono melancólico sobre cómo las heridas del pasado y los errores propios de la juventud pueden marcar todo nuestro devenir. Un relato acerca de amores y odios, traiciones y lealtades, expectativas y decepciones, con un mensaje crucial: las lecciones más importantes de la vida no se estudian en los libros, se aprenden en la experiencia y el testimonio de quien ya ha tropezado con muchas piedras antes que nosotros.
El santuario de la montaña silenciosa, de Nanami Kamon

¿Sabías que no hay mes más propicio en Japón para las historias de fantasmas y de miedo que agosto? Al contrario que en Occidente, donde la celebración de Halloween y la festividad de Todos los Santos invitan a acercarnos al género del terror, en la cultura nipona el mayor vínculo con el más allá se establece durante el Obon, el festival budista de los muertos.
El santuario de la montaña silenciosa nos lleva a esa época del año en la que se dice que los muertos pueden cruzar al mundo de los vivos. Minami, escritora de novelas de terror, se deja arrastrar a una peligrosa búsqueda de respuestas cuando una antigua amiga, Asako, le habla de los extraños sucesos que están padeciendo tras afrontar una prueba de valor en un aserradero del que se decía que estaba encantado.
A medida que avance en su investigación, la propia Minami comenzará a sufrir en su propia piel la maldición que afecta a Asako y a sus tres compañeros. Sin embargo, la necesidad de descubrir qué mal está detrás de todo y ponerle fin, hará que quiera seguir adelante. Y eso los conducirá al mismísimo santuario de la montaña donde todo empezó y donde todo debe acabar.
Esta novela de Nanami Kamon es una historia de terror psicológico que nos hará sospechar de cada crujido inofensivo en la oscuridad de la noche. Porque a veces el mayor terror no está en criaturas sobrenaturales o espectros corpóreos, sino en las fuerzas de la naturaleza y en las funestas consecuencias de perturbar su descanso.
Descubre aquí la reseña completa.
Okinawa, de David C. Tur García

El antiguo reino de Ryūkyū, hoy conocido como Okinawa, es el destino veraniego por excelencia en Japón. Un territorio bañado por un clima tropical que mantiene temperaturas estivales durante todo el año. Y el escenario de la tercera novela del escritor español afincado en Japón David C. Tur García.
Okinawa nos presenta a Wataru Hayashi, un escritor atrapado en un profundo bloqueo. Consumido por la falta de ideas y el pesimismo, sintiendo el peso de haber ganado un prestigioso premio literario cuyo éxito se siente incapaz de replicar, la historia de Wataru comienza a virar giro cuando conoce a Tomi durante una firma de libros. Inspirado en la relación que van construyendo, retoma con ilusión la escritura, pero algo sigue fallando. Porque su historia de amor no deja de ser como cualquier otra.
Cuando el padre de Tomi se jubila y le ofrece quedarse con el hotel que regenta en Okinawa, comenzará una nueva vida para los dos. Una en la que Wataru buscará nuevas fuentes de inspiración que le ayuden a encontrar de nuevo su chispa como escritor y, al mismo tiempo, restauren el fuego de su vínculo con Tomi, que ha caído en la monotonía y la distancia.
Una novela sobre el amor y la persecución de los sueños, escrita con el tono delicado, a veces melancólico, a veces esperanzador, al que nos tiene ya acostumbrados David C. Tur García, y que nos transporta a un lugar donde el verano nos abraza incluso en los meses más fríos.
De pronto oigo la voz del agua, de Hiromi Kawakami

«Yo quería a esa persona. No sabía qué hacer con ese sentimiento. No me bastaba con estar a su lado. Quería satisfacer mi amor, a mí misma y también a él».
Una novela en la que los sonidos juegan un papel crucial en la historia, desde el rumor del agua hasta el canto de las cigarras en las noches estivales. De pronto oigo la voz del agua es una historia delicada sobre los secretos familiares que salen a la luz cuando se limpia el polvo que los mantenía ocultos. Un relato acerca del amor en todas sus formas, entre una madre y su hija y entre dos hermanos incapaces de apartar de sus corazones unos sentimientos que muchos considerarían inapropiados.
De pronto oigo la voz del agua comienza cuando Miyako y Ryo regresan a la casa familiar. Han pasado diez años desde la muerte de su madre, pero su presencia sigue intacta en cada rincón. Con cada puerta que abre, con cada hebra de tatami que pisa, Miyako va despertando las memorias de la infancia y de la juventud, pero también reconstruye el pasado de su familia y nos muestra que aquellas historias que se forjan en la tormenta y la tragedia a menudo están condenadas a tomar caminos alternativos a los normales para sobrevivir.
Ciudad de cadáveres, de Ōta Yōko

«Uno no entiende la vida hasta el momento mismo de la muerte».
En 1945, Japón no tuvo verano. No, al menos, uno con los sonidos amables que todos asocian a la estación más cálida. Las cigarras enmudecieron, los taikos dejaron de retumbar y los cristales de los fūrin reventaron. Porque el 6 de agosto de ese año, un destello de luz en el cielo que nada tenía que ver con espectáculos pirotécnicos anegó una ciudad en muerte, horror y desesperación y tiñó a todo el imperio de negro.
Ciudad de cadáveres, de Ōta Yōko, nos lleva a Hiroshima para narrar desde dentro uno de los acontecimientos más terribles de la historia de Japón: la caída de la primera de las dos bombas atómicas que, a la postre, terminarían con la rendición del país en la II Guerra Mundial. La propia autora fue testigo del caos y el espanto que aquella bomba causó en su
ciudad y quiso dejar constancia de ello mientras se debatía entre la vida y la muerte.
A pesar de la insufrible desolación que la rodeaba y que ella misma padecía, sin apenas material para escribir, Yōko quiso plasmar con palabras la realidad de Hiroshima a través de su experiencia. Porque, como ella misma cuenta, su única preocupación era escribir lo que llevaba dentro, lo que había visto, oído y sentido, antes de que la muerte se la llevara.
Y, aunque el relato esté sesgado por sus propios sentidos, imperfecto e incompleto como afirma Yōko, no deja de ser un homenaje. A las víctimas de una de las mayores tragedias de la historia de la humanidad, para que no caigan en el olvido; y a la esperanza, pues a veces el mayor acto de amor es sobrevivir al horror para intentar construir un mundo mejor.
¿Qué otros libros y novelas añadirías a esta lista para que nos sintamos atrapados por el verano japonés?

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