
Imagínate que llevas soñando mucho tiempo con entrar a un instituto solo para poder usar su uniforme. Y, cuando llega el día de la ceremonia de entrada, te das cuenta de que eras la única que lleva esa ropa. ¿Qué harías?
Es el punto de partida de El uniforme marinero de Akebi, una tierna historia sobre la amistad y el paso de la niñez a la adolescencia protagonizado por una chica que ha crecido sin amigas hasta llegar a la secundaria.
El manga de Hiro es, además, toda una oda a la minuciosidad y el detalle, con páginas enteras dedicadas a reproducir los movimientos del cuerpo y las expresiones faciales y a captar con precisión los pliegues de la ropa o el efecto del agua salpicando. Un esmero que llevado al extremo en algunas escenas ha suscitado cierta polémica en torno al manga, sobre todo teniendo en cuenta la categoría demográfica a la que pertenece.
El valor de la amistad más pura, el alma de la historia
«La idea de fracasar ni siquiera se me pasa por la cabeza. Porque he conseguido hacer un montón de cosas junto a todas ellas».
Komichi Akebi tiene doce años y siempre ha estado sola en la escuela. Ella y su hermana Kao, tres años más pequeña, son las dos únicas niñas de un pequeño pueblo de interior donde hacer amigas con las que poder jugar y explorar el mundo no era más que un sueño distante.
Pero ahora ese deseo está a punto de hacerse realidad. Y no es el único. A base de esforzarse cada día, Komichi ha logrado superar los exámenes de acceso a la prestigiosa Academia Roubai. Eso significa que podrá llevar el uniforme de marinerita que siempre han usado las alumnas de esta escuela, el mismo que vistió su madre cuando tenía su edad.
El día de la ceremonia de ingreso, la emoción de Komichi por ponerse el uniforme que ha confeccionado a mano su madre se ve eclipsada por una sorprendente revelación: ¡el uniforme actual ha cambiado y las demás estudiantes visten con un traje de americana y falda!
La Academia deja en manos de Komichi la decisión final: seguir usando el uniforme de marinera o vestirse igual que el resto de sus compañeras. Pero el dilema que afronta la joven Akebi no se limita a la ropa: tiene que escoger entre la valentía de ser ella misma frente a un grupo de completas desconocidas que no sabe si la aceptarán o adaptarse para tratar de encajar como si fuera una más.
La amistad en la transición a la edad adulta
El uniforme marinero de Akebi nos hace retroceder hasta los primeros años del instituto, cuando queríamos ser adultas y, al mismo tiempo, todavía nos seguían viendo como unas niñas. Es inevitable empatizar con Komichi, una chica alegre y apasionada, capaz de ver lo mejor de los demás y que se emociona por los detalles más nimios. Su espíritu sigue siendo el de una niña curiosa e inocente que intenta explotar al máximo posible la primavera de la vida.
A pesar de que ha tenido que crecer sin amigas de su edad, no le ha faltado gente que la anime y la apoye. Desde sus padres y su hermana pequeña hasta la profesora de su escuela primaria y los vecinos del pequeño pueblo donde viven.
Eso hace que Akebi tenga una gran fuerza interior para luchar por sus sueños y vencer sus miedos. Sin embargo, al haber crecido sin más compañía para jugar que su hermana, Komichi también tiene un carácter peculiar. Es extrovertida, suele decir lo que piensa de los demás con absoluta honestidad y no se corta a la hora de expresar sus emociones. En una sociedad a veces demasiado rígida y formal como es la japonesa, eso podría suscitarle más de un malentendido. En la Academia Roubai, sin embargo, encuentra un círculo de alumnas a las que no solo no les molesta la forma de ser de Komochi, sino que aprenden a quererla tal cuál es.
Komichi es todo corazón y bondad, no duda en esforzarse por ayudar a las demás, por elogiarlas incluso cuando ellas mismas dudan de sus virtudes, por animarlas para que no se rindan ante las dificultades de la vida. Una forma de amistad tan pura y tierna que nos hace sentir envidia. Porque el mundo real y los institutos reales, rara vez son así. Hay envidias, hay competitividad, hay personas con heridas que no son capaces de mostrar empatía hacia los demás.
De ahí la importancia del mensaje que nos transmite El uniforme marinero de Akebi. No busca distorsionar la realidad, porque los personajes también se enfrentan a preocupaciones y dificultades propias de la adolescencia, pero nos empuja a tener esperanza. A confiar en que, aunque ahora estemos solas y creamos que nuestros sueños son inalcanzables, podemos tener la confianza en que el sol podrá emerger entre las nubes mañana.
Un manga no exento de polémica
Solo con conocer el trasfondo y el tono de la historia, podríamos asegurar que El uniforme marinero de Akebi es un manga shōjo, pensado para un público adolescente femenino. Eso no significa que sea un manga de chicas, sino que su lectora objetiva se encuentra en este segmento de la población.
Pero la realidad es bien diferente. En Japón, la historia de Komichi Akebi se publica en la plataforma web Tonari no Young Jump, de la editorial Shūeisha. Es un sitio digital de acceso gratuito que nació en 2012 como complemento a la revista Weekly Young Jump. Ambos pertenecen a la demografía seinen, cuyo target es un lector masculino adulto.
Su leitmotiv o tema se describe como «Alguien que no solo dice «¡Sigue adelante!», sino también «¡Está bien relajarse a veces!”. Alguien que no solo dice «¡Madura!», sino también “¡Estás bien tal como eres!». ¡ Y…! Alguien que aplasta enemigos formidables por ti con un poder abrumador».
Teniendo esto en cuenta, El uniforme marinero de Akebi podría encajar a la perfección con esa línea de pensamiento. Sin embargo, hay que tener en cuenta otro detalle de este manga. Y es que el nivel de detalle de las escenas que dibuja Hiro roza la sexualización de personajes menores de edad. ¿Hasta qué punto es eso correcto en una historieta que está dirigida a un público masculino adulto?

En una entrevista con motivo de la adaptación del manga a anime, el autor declaró que «La gente suele decir que “Akebi-chan” es un manga fetichista, pero no me limito a dibujar partes del cuerpo de las chicas; intento transmitir sus emociones a través de cada uno de sus gestos». Como declaración de intenciones está muy bien, aunque el propósito del mangaka escapa a su control en el momento en que el manga llega a manos de los lectores.
¿No sería mejor que un manga con la profundidad del mensaje de El uniforme marinero de Akebi estuviera orientada a conectar con el tipo de audiencia que más puede necesitarla? Eso no significa, no obstante, que no tenga lectoras femeninas. Del mismo modo que el manga shōnen (enfocado a un público adolescente masculino) causa sensación también entre las lectoras, adolescentes y adultas, las demografías no excluyen a ningún tipo de lector.
El anime no se queda atrás en la calidad de su arte
La adaptación de El uniforme marinero de Akebi consiguió mitigar en cierta medida la etiqueta fetichista que se le había otorgado al manga por su demografía y la fijación de la imagen en planos detalle demasiado explícitos, además de incrementar la popularidad entre las lectoras.
El estudio CloverWorks, filial de Aniplex (responsable, entre otros muchos títulos, de Kimetsu no Yaiba), encargado de la adaptación, eligió un equipo directivo y artístico liderado por mujeres: Miyuki Kuroki (directora), Rino Yamazaki (guionista), Megumi Kouno (diseño de personajes) y Kana Utatane (compositora). Además, al otorgar movimiento a muchas escenas fijas del manga y darle una banda sonora y una gama de colores tenues, el carácter tierno de la historia gana protagonismo.

Una de las particularidades del anime, estrenado en 2022 y que consta de una única temporada de 12 capítulos, es que no sigue el desarrollo lineal del manga. La serie se adentra más en el día a día de Komichi con sus compañeras de clase, presentando desde el principio a un mayor número de personajes secundarios y profundizando en el vínculo de amistad que se establece entre ellas.
La escena de la actuación musical de Komichi y Erika que cierra el anime corresponde al capítulo 23 del volumen cuatro. Si has visto la serie y quieres adentrarte en la lectura, mi recomendación es que empieces desde el primer volumen y disfrutes poco a poco de este conmovedor relato mientras de fondo te acompaña Hajimari no setsuna, la canción del opening.


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