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Mi visión, como lectora, escritora y viajera, del apasionante mundo japonés

Los misterios de la taberna Kamogawa (reseña)

Portada de Los misterios de la taberna Kamogawa, de Hisashi Kashiwai

Todos tenemos algún recuerdo asociado a un plato de comida muy específico. Aquellas pastas caseras que hacía la abuela, las albóndigas que con tanto cariño cocinaba mamá, esa pizza que preparaba papá amasada a mano,… En mi caso, son unas croquetas redondas, cremosas y pequeñas que servían en una sidrería a la que solíamos ir los sábados a tomar el vermut. Siempre he sido un poco especialita con la comida y no me gustaban los tropezones en las croquetas, pero aquellas, que se comían de un bocado, no eran más que bechamel y rebozado. Una delicia que se deshacía en la boca con un regusto dulce; un sabor que jamás he vuelto a probar. 

Hay sensaciones que se quedan grabadas en la memoria y no te las puedes sacar de la cabeza. A veces los olvidas durante años y, de repente, un mínimo detalle te hace revivirlos. Notas algo, un regusto, un olor, y te mueres por hallar un modo de volver a saborearlo. Pero lo buscas por todas partes y nunca lo encuentras. 

¿Y si te dijeran que hay un lugar donde un equipo de investigadores se ocupa de rescatar del olvido esa receta familiar para brindarte un reencuentro con el sabor que  tanto anhelas? Los misterios de la taberna Kamogawa afronta la cuestión de los recuerdos gastronómicos perdidos y se convierte en un lugar donde la comida y la memoria se unen, donde las heridas del corazón cicatrizan, las huellas del pasado se suavizan y el futuro puede visualizarse con un poco más de esperanza. ¿No te han entrado unas ganas increíbles de visitarla?

La unión entre recuerdo y comida, el alma de la historia

«De joven, uno sólo se rinde ante los manjares, pero cuando envejece lo que lo atrae de verdad es el sabor que el recuerdo añade a los platos».

La taberna Kamogawa es un lugar peculiar. No hay otro igual en Kioto. No se rige por normas convencionales y es, a la vez, tradicional y rompedora. Su dirección no aparece en las guías gastronómicas, no es un lugar de moda que se haya hecho viral en las redes sociales. Solamente quien de verdad quiera encontrarla, lo hará. Y es que en este negocio, que sirve una deliciosa comida casera, no solo se cocina para calmar el hambre o colmar los sentidos. En su interior alberga una agencia de detectives culinaria donde se investigan sabores especiales y recetas extraviadas en los recuerdos hasta recrear el plato solicitado por el cliente. 

Solamente hay dos reglas: se necesita un plazo de catorce días para llevar a cabo la investigación (salvo rigurosas excepciones) y no hay una tarifa fija: se cobra la voluntad mediante un ingreso en una cuenta bancaria. 

Nagare Kamogawa, ex policía y chef, y su hija Koishi, son los encargados de liderar esta increíble tarea. A partir de una conversación con el comensal, las posteriores pesquisas y la habilidad en los fogones, tendrán que ser capaces de reconciliar al cliente con el sabor anclado en lo más profundo de su memoria. 

Raciones pequeñas

Los misterios de la taberna Kamogawa nos presenta seis historias, con seis platos y seis personajes sin mayor relación entre sí que la búsqueda de una receta nostálgica. Cada historia tiene dos partes. En el primer capítulo, conocemos al protagonista y su misterio; en el segundo, vemos cómo Kamogawa padre e hija presentan la resolución del caso. Todo el proceso de investigación —que incluye interrogatorios, labor de campo y entrevistas a testigos— se irá desvelando como guarnición del plato principal.

Pero la historia no va sólo de recrear la receta. Todo importa y todo es crucial. Desde la elección de los ingredientes y su acompañamiento hasta reproducir la atmósfera o el estado anímico del momento en que se degustó por primera vez aquel manjar. Y es que los detalles son el condimento que enriquece la vida

Un mensaje poderoso

La gastronomía puede ser una experiencia novedosa y emocionante: descubrir nuevos sabores y texturas, atreverse a probar lo diferente y exótico, combinaciones impensables. En otras ocasiones, como en la taberna Kamogawa, es un viaje al pasado y a los recuerdos a través del gusto y el olfato. Incluso la posibilidad de encontrar un nuevo “yo”. 

Cada historia, además de un personaje y una receta distintos, tiene también un trasfondo emocional diferente. La nostalgia por un gran amor ya fallecido, la pena y el remordimiento por lo que podía haber sido y nunca fue, un recuerdo feliz en medio de una infancia triste y solitaria, el esfuerzo de cumplir una última voluntad en un matrimonio roto por la tragedia y el honor, la volatilidad de la memoria y un legado familiar incomprendido.

Los clientes de la agencia de investigación no buscan solo un viaje al pasado o un reencuentro con aquel sabor que les persigue, también un modo de pasar página y continuar adelante con sus vidas, una manera de despedirse o hallar la pieza que hace que todo el puzle encaje. Y que lo consigan dependerá de la destreza de Nagare y Koishi Kamogawa. ¡Qué presión!

El destino

Un anuncio críptico en una famosa revista de gastronomía es la única pista para hallar la taberna Kamogawa. No tiene dirección, no hay un letrero en la puerta que indique que has llegado al lugar correcto. ¿Cómo se encuentra, entonces, este rincón si nunca se ha visitado antes? El futuro cliente tendrá que vestirse también con la gabardina de detective. Sin embargo, el destino también jugará su papel. Y es que los Kamogawa están convencidos de que si una persona realmente lo necesita y está decidida, llegará a la taberna Kamogawa.

Una novela umami

A comienzos del siglo XX, un científico japonés llamado Ikeda descubrió que, además de dulce, salado, ácido y amargo, existía un quinto sabor: umami. Lo que llamaríamos en nuestro idioma sabroso o delicioso. Es un adjetivo que encaja a la perfección con Los misterios de la taberna Kamogawa, una obra iyashikei (ficción sanadora) que marida con el misterio. 

Su lectura no solo te deja un buen sabor de boca, también abre el apetito. El gusto y el olfato están tan bien trabajados que nos sumergimos en la experiencia gastronómica de los personajes. En cuanto llegas al final, estás deseando viajar a Japón para conocer con más detalle a qué saben todas esas exquisiteces. 

Por cierto, si estás decidido a adentrarte en Los misterios de la taberna Kamogawa, te dejo una advertencia. Es posible que te encuentres en la puerta al tercer miembro de la familia: el gato Hirune. Pero ya sabéis que en Japón los mininos están asociados a la buena suerte, así que tal vez sea la señal de que estás en el lugar indicado. 

Portada de Los misterios de la taberna Kamogawa

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