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Mi visión, como lectora, escritora y viajera, del apasionante mundo japonés

El santuario de la montaña silenciosa, de Nanami Kamon (reseña)

Portada de la novela El santuario de la montaña silenciosa, de Nanami Kamon

¿Qué hace que una novela de terror produzca verdadero miedo? ¿Te lo has preguntado alguna vez? Los grandes maestros de este género no se contentan con presentarnos asesinos despiadados, que parecen llegados desde el inframundo, o presencias espectrales que habitan antiguas mansiones o bosques milenarios.  

El lector que consume terror comienza a retorcerse en la silla cuando las palabras lo sumergen en la escena, le provocan escalofríos en plena ola de calor o le llevan a sobresaltarse ante el menor ruido. Cuando no sabe lo que les va a suceder a los personajes con los que ya ha empatizado, cuando ignora en qué momento se va a quebrar la aparente tranquilidad. O cuando teme que, solo por leer esas páginas, pueda correr el mismo destino. 

Y eso es justo lo que consigue Nanami Kamon en El santuario de la montaña silenciosa. Sin criaturas demoníacas, ni escenas sangrientas. Solo a través del folklore japonés y las fuerzas de la naturaleza.

El riesgo de desafiar a la naturaleza, el alma de la historia

«Cuenta la leyenda que está prohibido llevarse ni una sola hoja o rama de este monte, o uno se enfrentará a la ira del terrible dios que habita en esta zona».

Minami Katsuno es una escritora profesional especializada en las historias de terror y los relatos sobrenaturales. Aunque tiene cierta sensibilidad hacia lo espiritual y cree en fantasmas, también se confiesa una persona miedosa. De las que considera absurdo visitar lugares encantados solo por el dudoso placer de pasar miedo. 

Cuando Asako, una antigua conocida, le escribe un e-mail y le cuenta que a ella y a un grupo de amigos les están sucediendo cosas extrañas desde que participaron en una prueba de valor, su primer impulso es no inmiscuirse. 

Sin embargo, atrapada en un bloqueo creativo mientras trabaja en un proyecto acerca de, casualmente, un rito de osadía, decide reunirse con Asako y sus compañeros para averiguar qué ha sucedido. 

Lo que comienza como simple curiosidad y documentación para su novela, se acabará convirtiendo en una experiencia aterradora. Y es que Minami, decidida a llegar al fondo de la cuestión, se verá afectada por la misma maldición que parece haber recaído sobre Asako y sus amigos Yumeko, Masato y Jun.

Un misterio que resolver y un terror que se apodera de ti

A través de una prosa sencilla y directa, pero efectiva, la autora de El santuario de la montaña silenciosa nos va haciendo partícipes de un misterio. ¿Qué les ocurrió a Asako y a sus compañeros durante la prueba de valor? ¿Por qué fueron víctimas de una maldición? Y, lo más importante, ¿se puede hacer algo para detenerla?

Nanami Kamon nos presenta una historia de miedo con un toque de misterio, y nos invita a tirar de las pistas que va recogiendo Minami, cada vez más implicada, hasta dar con el origen de todo. Sin embargo, el suyo es un terror psicológico que se va adhiriendo al lector de un modo lento y sutil. A través de lo que experimenta el personaje en su propia mente, de lo que siente y de su horror creciente. 

«Y entonces las ramas crujen cada vez con más fuerza y algo terrible se acerca a mí desde lo más profundo de la montaña».

Y aún así, no eres capaz de dejar de leer.

La religión y las leyendas japonesas como hilo conductor

Japón está considerado un país laico. La mayoría de los japoneses no se identifican con una práctica religiosa exclusiva, sino que las creencias sintoístas y los ritos budistas se integran con armonía en la vida diaria. 

El sintoísmo es la creencia autóctona del país nipón, un camino espiritual que venera a los kami, las fuerzas sagradas de la naturaleza. El budismo llegó a Japón en el siglo VI, a través de Corea y China, y, como casi todas las influencias externas, se fue adaptando a las tradiciones locales y al estilo de vida nipón.

Se dice que un japonés «nace como sintoísta y muere como budista», pues es habitual celebrar los nacimientos con rituales sintoístas y los funerales, con ceremonias budistas. 

Esta dualidad espiritual también está presente en la novela de Nanami Kamon. El foco de la maldición que persigue a los personajes parece girar en torno a un antiguo santuario sintoísta y a los poderes naturales que lo protegen. Y el clímax de la trama coincide con la festividad budista del Obon, a mediados de agosto, cuando se cree que las almas de los difuntos regresan al mundo de los vivos. Una efeméride que alimenta el halo sobrenatural de la historia. 

Una lección: no desafíes a las fuerzas sobrenaturales

Japón es también un país que ha tejido un estrecho vínculo con la naturaleza, donde se contempla y celebra la belleza efímera de los cerezos y la primera luna llena de la cosecha. No es de extrañar, por tanto, que existan todo tipo de leyendas y creencias arraigadas a ella. Muchas historias nos hablan de los maleficios que pueden recaer sobre quienes osan burlarse de los dioses.

Uno de los grandes éxitos de Studio Ghibli, La princesa Mononoke, nos enseña cómo la codicia y la ausencia de respeto de los seres humanos puede corromper a los espíritus protectores del bosque. Una película que refuerza la importancia de proteger el medio ambiente y no abusar de la magnanimidad de sus guardianes naturales. 

Tal vez talar algunos árboles para construir una casa, arrojar piedras al lago por diversión o llevarte un pedazo de la montaña como recuerdo de una excursión te parezcan actividades inofensivas. Pero ten cuidado. Podrías ofender a los espíritus que habitan en su interior. 

Y no serán piadosos contigo. 

Portada de El santuario de la montaña silenciosa

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