
¿Conoces la leyenda de Tanabata? Da nombre a uno de los festivales más populares del verano japonés y se celebra cada 7 de julio. También es uno de los relatos centrales de la obra de Lafcadio Hearn El romance de la Vía Láctea, una recopilación, publicada de forma póstuma, de los últimos textos que firmó en vida.
Tenido en algunos círculos occidentales por un romántico que ensalzaba lo japonés sin demasiado criterio, el periodista y traductor griego Lafcadio Hearn sigue siendo, un siglo después de su fallecimiento, uno de los autores extranjeros más queridos y respetados en Japón. Llegó al país nipón cuando este apenas comenzaba a abrirse al mundo exterior y consiguió, a través de sus publicaciones, que su cultura, sus tradiciones y sus rincones dejaran de ser un misterio para Occidente.
Su esfuerzo por recopilar las tradiciones populares en una etapa en la que el país del Sol Naciente miraba más hacia fuera que hacia dentro recordó al pueblo nipón su pasión por el folklore y los mitos. Tras Hearn, muchos estudiosos siguieron sus pasos y salvaron del olvido fábulas antiguas y leyendas que solo la tradición oral no habría podido mantener.
«Nunca leo un libro que no tenga el poder de impresionar la imaginación. Siempre leo lo que contenga imágenes novedosas, curiosas y potentes, sin importar el tema. Cuando las bases imaginativas están bien enriquecidas con innumerables hojas caídas, las flores del lenguaje crecen espontáneamente».
La leyenda de Tanabata, el alma de la historia
El primer relato que encontramos en este libro es la historia de Tanabata-sama, también conocida por Orihime. Ella era una doncella celestial tejedora, hija del Gran Dios, que un día se enamoró de un humano campesino llamado Hikoboshi. Su padre autorizó su matrimonio, pero los dos amantes descuidaron sus obligaciones y fueron castigados por su señor. El Río Celestial los condenó a vivir separados para toda la eternidad. Tan solo el séptimo día del séptimo mes, si el cielo estaba despejado, las aves formarían un puente para que pudieran reencontrarse.
Lafcadio Hearn nos habla de la leyenda, pero también de sus raíces en el folklore chino y del origen del festival. Además, en el texto se intercalan varios poemas que ayudan a comprender mejor la importancia y trascendencia de este relato.
Si viajas a Japón a finales de junio y comienzos de julio, verás que en muchos lugares hay tiras de papel de colores que cuelgan de las ramas de bambú. La tradición cuenta que, si escribes un deseo en una de estas tiras, llamadas tanzaku, es posible que los dioses lo escuchen y lo hagan realidad. Antiguamente, sin embargo, lo que se escribía en los tanzaku eran poemas en honor de Orihime y Hikoboshi.
Una recopilación de criaturas espectrales
Lafcadio Hearn escribió varios libros dedicados a los yōkai y otras criaturas fantasmales del folklore japonés (En el Japón fantasmal; Kwaidan y otras leyendas y cuentos fantásticos de Japón). También en El romance de la Vía Láctea nos habla de seres terroríficos del más allá.
A partir de la traducción de la obra Kyōka Hyaku Monogatari, de Takumi Jingorō, Hearn nos explica qué son los kitsune-bi (fuegos fatuos), la yuki-onna o mujer de las nieves o los roburo-kubi, personas que, tras verse poseídas por algún espíritu maligno, podían extender sus cuellos durante las noches para atormentar y atacar a sus víctimas. Las descripciones de Hearn se enlazan con los poemas de Takumi. El nombre de estas composiciones, kyōka, significa «loca poesía».
Reflexiones personales
Dentro de esta ecléctica antología de textos que es El romance de la Vía Láctea encontramos también cuestiones filosóficas. En Preguntas fundamentales, Lafcadio Hearn plasma sus pensamientos en torno a la obra de Herbert Spencer, abarcando cuestiones como la mortalidad de la conciencia humana y preguntándose qué sucede con nuestros pensamientos y conocimientos tras morir. Eso lo lleva a divagar también sobre el terror que siembra en la humanidad la destrucción del yo o las consecuencias de conservar con todo lujo de detalles el conocimiento de épocas pasadas.
«Incluso hoy en día, el descubrimiento repentino de verdades no respaldadas por la experiencia humana, la revelación repentina de hechos opuestos en su totalidad a las convicciones existentes, podría evocar un renacimiento frenético de terrores supersticiosos, un pánico religioso que estrangularía la ciencia y sumergiría al mundo en una oscuridad mental durante mil años».
Que no se pierdan las leyendas y el folklore japonés
Recuperando el hilo de la tradición japonesa, Hearn nos regala en su obra otros dos relatos que combinan misticismo y enseñanzas sobre la bondad humana.
La doncella del espejo nos habla de un pozo mágico habitado por una criatura que asesinaba a quien se acercaba demasiado. Aunque los habitantes de la casa creían que era una mujer que se aparecía en las noches oscuras, el señor descubre que ella es otra víctima del pozo. Tras liberarla, consigue el favor de los dioses.
La historia de Itō Norisuke relata la historia de un samurái que llega a una misteriosa casa. Allí le ofrecen la mano de una princesa, que lleva mucho tiempo enamorada de él. Tras la boda, Itō descubre la terrible verdad sobre el origen de su nueva esposa: no pertenece al mundo de los vivos y no podrán volver a reencontrarse hasta pasados diez años.
La guerra y el marketing
Tras un breve relato intermedio ambientado en las Indias occidentales (Una realidad más extraña que la ficción), sobre esclavitud y magia negra, Hearn se despide con un texto epistolar titulado Una carta desde Japón (1904). Escrita en sus últimos meses de vida, nos cuenta cómo la guerra ruso-japonesa ha influido en el día a día de la población nipona.
Un testimonio curioso en el que Hearn explica el boom de la fotografía entre los soldados y sus familias y cómo los retratos acabaron colándose en los altares budistas que honran a los seres queridos fallecidos en el hogar. También se detiene en el modo en que las calles y tiendas se han llenado de productos que ensalzan la guerra, desde toallas y adornos para el pelo, hasta juguetes infantiles y prendas de vestir. ¿Una cuestión de marketing o una sutil manera de ensalzar el orgullo nacional?


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