
¿Te has interesado alguna vez tanto por un tema, hasta rayar en la obsesión, que deseabas aprender todo lo posible? ¿Un tipo de literatura, una cultura exótica, incluso una persona? Es una sensación curiosa. Al principio, todo te fascina. Bulle en tu interior la emoción del descubrimiento, como si fuéramos detectives tratando de seguir las pistas para revelar al culpable. Sin embargo, es también un arma de doble filo. Porque puede que, durante el proceso, descubramos cosas que no esperábamos al otro lado del decorado que nos cautivó.
Si esa obsesión es Japón, entonces necesitas leer La sociedad japonesa: Pasado, presente y nuevos horizontes, de Estel·la Ramírez Martínez. Una obra fundamental para comprender mejor los engranajes del país del Sol Naciente, para discernir algunos de los misterios de una cultura que nos atrapa nada más ponemos un pie en las calles de Tokio y Kioto.
Los medios de comunicación y las redes sociales nos han acercado el país nipón en los últimos años. Recibimos tantos estímulos en forma de noticias virales, fotografías espectaculares, cuestiones sacadas de contexto y dramatizadas en favor del clickbait, que llegamos a formarnos ideas preconcebidas y, a menudo, equivocadas de Japón. Incluso cuando estamos paseando por sus calles y recorriendo sus lugares sagrados damos por hecho que sabemos cómo es Japón y su cultura.
Pero, del mismo modo que a un español del norte le molestaría que se dijera que nuestro país es todo flamenco, sol y rebujitos, obviando el orbayu, la sidra y los pintxos, un japonés se sentirá incómodo si damos por hecho que todos son salaryman que trabajan hasta la extenuación, una sociedad ordenada y respetuosa que sigue viviendo conforme a los ideales del Bushido o un país donde todos consumen manga y anime y asisten a convenciones de cosplay.
Si quieres adentrarte en Japón y comprender conceptos como wa y la dualidad entre tatemae/honne u omete/ura, sigue leyendo esta reseña y sabrás si La sociedad japonesa es para ti.
¿Qué ofrece el libro?
«Este ensayo es una mera aproximación a la sociedad y la cultura japonesas, ojalá que lo suficientemente ordenada y esclarecedora para desmontar los estereotipos y prejuicios que existen sobre Japón y hacer entender mejor los aspectos más complejos del país».
Estel·la Ramírez, investigadora, redactora y profesora de japonología, nos invita a un viaje a través del pasado histórico y los sucesos más recientes de crónica social, política y económica de Japón para sumergirnos en los entresijos de su modo de vida y su forma de entender el mundo.
La suya es una mirada limpia y profunda hacia el funcionamiento de la sociedad japonesa. Un análisis que rasca bajo la superficie dorada que todos contemplamos extasiados cuando nos atrevemos a viajar a Japón. Un ensayo que nos permite entender una realidad que a menudo ignoramos cuando se trata de algo ajeno a nosotros: que Japón no es blanco o negro, un paraíso otaku repleto de trabajadores agotados y familias típicas. No es solo la convivencia entre tradición y modernidad, entre luces de neón, santuarios y templos y rascacielos que impiden a menudo ver el color del cielo.
Como todo en la vida, el Japón actual es el resultado de su pasado y de los cambios, a menudo bruscos y rápidos, o también lentos y tardíos, que ha ido experimentado con el transcurso de los años.
De ahí que sea necesario echar un vistazo a cuestiones como el concepto de familia y su origen, el sincretismo religioso y la evolución del modelo de sociedad, especialmente desde el fin del shogunato Tokugawa y la apertura a Occidente, pero también tras la II Guerra Mundial y el súbito auge de la economía japonesa durante los años 60 y 70.
La sociedad japonesa nos promete esa inmersión y la cumple en cada página. Partiendo del pasado, deteniéndose en el presente y estirando la mirada hacia el futuro y los retos que se le presentan al país nipón.
¿De qué nos habla?
Estel·la Ramírez nos va aportando las piezas para reconstruir el intrincado puzzle que es la sociedad japonesa, de tal manera que resulta sencillo reconocer los árboles que componen el bosque, al mismo tiempo que apreciamos el todo en su conjunto.
Lo consigue cuando nos habla de la jerarquía y la verticalidad que aun hoy en día marcan las relaciones en Japón, tanto en la política y los negocios, como en las familias y la vida estudiantil. Cuando nos explica cómo el éxodo rural y el crecimiento de las grandes urbes marcó la transformación del modelo familiar, pasando de grandes familias que vivían en hogares unifamiliares a familias de dos o tres miembros o personas solteras que se amoldan a vivir en apartamentos donde cada centímetro cuadrado se exprime al máximo.
Lo logra al mostrarnos las dinámicas de la educación y la escuela, donde los estereotipos de convivencia armónica y estudiantes aplicados y responsables se rompen al entender que el acoso y el abuso escolar también están muy presentes y suponen uno de los grandes desafíos para las instituciones académicas y políticas.
Sin olvidar otros grandes retos que tiene por delante Japón y que implican romper tabúes demasiado arraigados desde tiempos pasados: honrar la multiculturalidad y multirracialidad del archipiélago japonés, buscar soluciones a la crisis demográfica y al envejecimiento de la población y acabar con ciertos comportamientos discriminatorios más propios del período Edo que del siglo XXI. Desterrar de una vez por todas la arcaica concepción de que el fin último de la mujer es casarse, tener hijos y cuidar de la casa, renunciando a sus sueños profesionales, y proteger mejor los derechos de las personas LGTBi (cuyo matrimonio todavía no ha sido legalizado).
¿Para quién es?
La sociedad japonesa: Pasado, presente y nuevos horizontes es una obra idónea para todas aquellas personas que deseen conocer Japón más allá del concepto de cool Japan, de la postal turística y de los rincones instagrameables. Una manera de echar un vistazo entre bambalinas a aquello que Japón no suele mostrarnos en el primer viaje, pero que nos ayudará a entender mejor cómo es, cómo funciona y por qué si deseamos repetir la experiencia.
No es un manual denso de historia, economía y política, ni un ensayo cargado de conceptos abstractos y terminología de difícil comprensión, sino un libro que ilustra al mismo tiempo que entretiene. Cada capítulo es una ventana a un paisaje diferente, de todos los que dan vida y color a Japón, y Estel·la Ramírez nos abre los ojos sin dirigirnos la mirada, dejando que saquemos nuestras propias conclusiones a partir del entendimiento.
«El auténtico Japón no está en un libro, pero tampoco está en una sola experiencia, sino en la multitud de todas ellas».
¿Qué me ha enseñado?
Aunque mi conocimiento sobre Japón siga siendo limitado y me quede un largo camino por recorrer, La sociedad japonesa me ha permitido dar un paso más en mi empeño por entender Japón.
Algunas de las nociones que presenta el libro me eran familiares, como el modo en que el sincretismo religioso da forma al pensamiento japonés o la problemática del acoso escolar, aunque otros temas han supuesto un soplo de aire fresco, un estímulo al aprendizaje y un modo de desterrar algunas ideas preconcebidas sobre el país nipón.
Una lección que me llevo es la de la multiculturalidad japonesa. Hay cierta tendencia a pensar que Japón está habitado por una única raza y que todos los japoneses son iguales, pero la realidad es bien diferente. Desde los ainus de Hokkaido, a los nativos del reino de Ryūkyū (Okinawa), pasando por los zainichi (descendientes coreanos), el país nipón guarda en su interior más de una lengua, una cultura y una forma de ver el mundo. Sin embargo, históricamente se ha intentado lograr una unidad monoracial que ha perseguido y ninguneado a estos colectivos, haciéndolos sentir menos japoneses de lo que en verdad son.
En una línea similar está la cuestión de los burakumin, un concepto que desconocía por completo. No se trata de una raza, sino de un grupo discriminado por un pasado que ni siquiera recuerdan. Los burakumin son descendientes de los colectivos de parias del período Edo, que vivían en guetos apartados y tenían oficios considerados tabú o impuros (carniceros, curtidores, enterradores). En la actualidad, siguen existiendo comunidades buraku y sus integrantes luchan contra los estigmas de su origen y los prejuicios arbitrarios.
Entender la complejidad de la sociedad japonesa y las relaciones interpersonales nos lleva a manejar algunos conceptos. Se habla mucho del wa, preservar el orden y la armonía social por encima del individuo, aunque es igual de necesario conocer otros términos como uchi (vida privada, en casa) y soto (vida pública, en el exterior) o tatemae y honne, que hacen referencia al modo en que una persona se comporta según el entorno en el que se encuentre, distinguiendo cuando debe ser respetuoso para no incomodar o herir sensibilidades y cuando puede revelar sus pensamientos auténticos.
Los dos conceptos que más me han marcado mientras leía La sociedad japonesa han sido omote y ura, intrínsecamente relacionados con los anteriores. Omote es la apariencia superficial que vemos de algo o alguien, su fachada; ura, el trasfondo, el yo auténtico. No se puede comprender el significado verdadero y profundo de algo sin ambas, del mismo modo que no apreciaríamos la luz sin la oscuridad o la alegría sin la tristeza.
Y esa es la moraleja última del libro de Estel·la Ramírez. Podemos elegir quedarnos con el omote de Japón, porque nos resulta más sencillo o no tenemos interés alguno en profundizar, pero, si queremos ser capaces de comprender al país nipón, de llegar a su interior con el corazón y la mente, entonces necesitaremos descubrir también su ura. Y La sociedad japonesa: Pasado, presente y nuevos horizontes es un buen modo de hacerlo.
Kimi no sekai wa motto shiritai
*Quiero conocer más tu mundo.
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