
La primera vez que paseé por la sección de papelería de unos grandes almacenes de Tokio me quedé fascinada. Había tanto que contemplar y estaba expuesto con tanto esmero y detalle que parecía un museo. Cuadernos, agendas, calendarios, material de escritura, tarjetas, todo lo necesario para escribir cartas,… Incluso los recambios para los bolígrafos tenían un hueco privilegiado, en lugar de estar arrinconados en una esquina como suplentes esperando su turno en el banquillo.
Aquel lugar ofrecía tantas posibilidades que me dio la sensación de que sería capaz de responder a las necesidades más singulares de cualquier persona. Y eso es precisamente lo que nos ofrece Los secretos de la papelería Shihodo, de Kenji Ueda: un espacio donde el cliente encuentra exactamente lo que estaba buscando, incluso si él mismo desconocía de qué se trataba.
Todo empieza con una carta
Cinco personajes acudirán a la papelería Shihodo, de forma intencional o por casualidad, a lo largo de la novela. Rin Nitta, un joven de provincias que comienza su aventura profesional en Tokio; Yuri Kawai, una acompañante en un club de anfitrionas; Nanami Sawamura, estudiante de instituto y subcapitana del club de kyūdō (tiro con arco tradicional japonés); Shotaro Minatogawa, un empresario de éxito que se acaba de quedar viudo; y Gin Fuda, un chef de sushi a punto de inaugurar su primer restaurante.
Lo único que los une es la necesidad de escribir algo para alguien: una carta de agradecimiento a una abuela, un escrito de dimisión, una declaración de amor, un discurso para un funeral o una invitación especial. Ese es el conflicto que se les presenta cuando visitan la papelería Shihodo, un lugar que, sin saberlo aún, les ayudará a encontrar la confianza y el valor para afrontar esa urgencia de comunicación.
Dicen que no hay nada que cambie tanto nuestras vidas como el encuentro con determinadas personas.
Una novela que te calienta desde dentro
Enmarcada dentro del género iyashikei (healing fiction) y con un toque feel-good también, Los secretos de la papelería Shihodo es un relato perfecto para las frías y oscuras tardes de invierno. Porque, igual que el fuego de la chimenea o la manta nos calientan el cuerpo, esta historia nos reconforta desde el interior.
Me ha recordado mucho al estilo de El Café de la Luna Llena (Mai Mochizuki). Sus protagonistas se encuentran con un obstáculo en el camino, están bloqueados e indecisos, pero dan con el lugar idóneo en el momento perfecto y reciben ese pequeño empujoncito que todos precisamos a veces para avanzar.
Un estilo envolvente
Una vez que cruzas la puerta de la papelería Shihodo, su acogedor interior te atrapa. Kenji Ueda es capaz de deslizar los detalles de la trama con mucha suavidad, como si fueran los trazos de una pluma estilográfica sobre el papel. Ese mismo esmero lo pone a la hora de tratar temáticas tan variadas como el amor juvenil, el crecimiento personal, la gratitud o la pérdida.
A través de cinco capítulos, cada uno con el nombre de un artículo de papelería que tiene un significado especial para su propietario, conocemos a los cinco personajes (siete, si contamos a Ken Takarada y a Ryoko, su amiga y, en ocasiones, ayudante). A través del uso de la primera persona, ellos mismos nos van relatando sus circunstancias, combinando lo que sucede en el presente con flashbacks que nos ayudan a comprender su historia.
El cierre de cada bloque temático nos convierte en una suerte de ente invisible que contempla la escena desde fuera con una sonrisa de satisfacción. Eso lo consigue con un sutil cambio a la tercera persona y un desenlace en el que vemos cómo le ha ido a cada personaje tras vencer el conflicto personal.
Oda a la atención al cliente
La papelería Shihodo es un negocio ficticio, al igual que sus personajes, si bien su ubicación y los fragmentos de la vida japonesa que nos describe son reales. Situada en el distinguido barrio de Ginza, es un lugar que no se limita a vender material escolar y de oficina. Su propietario, Ken Takarada, representa el ideal japonés de la amabilidad, la atención al cliente y el gusto por el detalle. No solo aconseja sobre cuál es el mejor papel de carta según el tipo de misiva que se quiera escribir, si ve a un cliente indeciso o perdido, quizá se preste a escuchar sus tribulaciones. Puede que incluso traspase la línea de la simple conversación y se inmiscuya en el problema para tratar de lograr una solución. Algo que, si bien resultaría chocante en un país donde suele respetarse mucho el espacio personal y la privacidad, en esta novela es bien recibido por los protagonistas.
El gusto japonés por la tradición escrita
En plena era de la tecnología, donde el bloc de notas ha sido sustituido por una aplicación para móviles con el mismo nombre y muchos niños aprenden antes a escribir en una tablet que sobre el papel, Los secretos de la papelería Shihodo nos muestra un mundo en el que todavía se conserva el gusto por escribir a mano.
Aunque pueda parecer que Kenji Ueda nos envía un mensaje nostálgico sobre la comunicación por carta, el envío de postales o el registro de las actividades a través de cuadernos, no es menos cierto que una nación tan moderna y futurista como Japón es también un lugar que cuida sus tradiciones y no se desprende del pasado como si fuera el envoltorio del caramelo que nos acabamos de llevar a la boca. De hecho, la costumbre de enviar postales de Año Nuevo (llamadas nengajō) a través del servicio de correos ordinario sigue estando muy arraigada.
Quizá es que yo soy una enamorada de la escritura a mano (¡me encanta comprar y que me regalen libretas!), pero creo que expresar los sentimientos a través de palabras escritas, papel y tinta, crea un poderoso vínculo que la tecnología, por muchos emoji que incorpores, no llega a superar. Tal vez por eso mi historia favorita de Los misterios de la papelería Shihodo es la de Nanami Sawamura y los cuadernos de club de kyūdō. Porque lo que la voz no puede expresar, lo hace la palabra escrita.
Mi único pero
Si tuviera que elegir algo que no me acaba de convencer de esta novela es que todas las historias tienen un cierre, excepto la del propietario de la papelería Shihodo y su amiga Ryoko. No es menos cierto que eso deja una puerta abierta a que su arco se desarrolle en futuras publicaciones, así que tampoco voy a quejarme demasiado.
Kenji Ueda ha publicado un total de seis novelas ambientadas en este idílico lugar de Ginza, por lo que la historia continúa. Sin embargo, por el momento, solo la primera, Los secretos de la papelería Shihodo, ha sido traducida al castellano. Tendremos que ser pacientes para descubrir qué nuevos conflictos y personajes llegan hasta Ken y Ryoko.
Ya lo sabes, si estás buscando una novela cálida y serena, no dejes de darle una oportunidad a Los secretos de la papelería Shihodo.


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